Sunday, March 22, 2009

Nirvana: In Utero (1993). La evolución sin continuidad...





No siempre me causó fastidio Nirvana. Formó parte de la banda sonora de mi vida, durante mi adolescencia. En ese momento aborrecía escuchar a grupos como Cinderella o Poison, y apareció algo que me sonaba diferente. Posteriormente empecé a escuchar otras cosas y aunque suene pedante, crecí. Bandas como Pixies y Sonic Youth me hicieron cuestionar su supuesto legado, y me aportaron una música que, aunque similar, tenía una profundidad que no tenía la banda de Kurt Cobain.


Hoy día no disfruto en absoluto escuchar un disco como Nevermind, por ejemplo. Veo que revistas especializadas, desde Rolling Stone a Rockdelux le rinden pleitesía, y me pregunto por qué. “Masificó el rock alternativo”, dicen muchos como lugar común. Pero masificar no quiere decir “inventar”. Realmente significa descubrir el agua tibia. Se que estoy siendo un poco injusto: los de Nirvana no se consideraban inventores de nada, sólo tocaban una música que tenían diez años escuchando y que, anteriormente, se dirigía a un público minoritario. También opino que Smell Like Teen Spirit es una canción muy pendeja.


Pero Nirvana tenía potencial para lograr cosas mejores. Su álbum de 1993, In Utero, pudo haber sido un eslabón importante en la evolución del grupo de haber continuado su carrera. La muerte repentina de su vocalista, mártir de un movimiento inexistente (el grunge), truncó esa evolución. No obstante In Utero pudo haber sido, al igual que el Rubber Soul de los Beatles, o el O.k.Computer de Radiohead, el disco de transición hacia una etapa más creativa. In Utero es un disco en donde la estridencia más sucia se abraza con el gancho melódico, en donde los feedbacks descontrolados conviven con lo acústico.


Es cierto que en ocasiones Nirvana parece autoplagiarse en In Utero. El riff de guitarra de la canción Rape Me se asemeja un poco al de Smell Like Teen Spirit, aunque considero que el resultado es mejor. Es un tema con más sentimiento, y con una letra ambigua que aún hoy sigue siendo polémica. Nirvana pudo haber encabezado una revolución musical al masificar el rock alternativo, pero no fueron tan peligrosos como los Sex Pistols. Hablar mal de las disqueras vendiendo millones de discos no asusta a nadie. Sin embargo, Rape Me fue un tema que impidió que muchas tiendas se negaran a vender el tercer trabajo de la agrupación, y a la sociedad conservadora no le agradó mucho.


Cuando en 1992 (un año antes) salió el disco Incesticide, el cual contenía rarezas de Nirvana anteriores incluso a su primer disco, y que ahora eran recopiladas en un álbum, a muy poca gente le gustó. Recuerdo a mis hermanos mayores criticándolo por considerarlo carente de melodía. Pero a juzgar por las presentaciones en vivo de la banda, tan caóticas, ese era su verdadero sonido. In Utero, el que vino después, supo balancear ese lado caótico y salvaje de Nirvana con su fasceta más melodiosa y pegajosa. Era como un cruce entre Black Flag y The Beatles.


In Utero, es por lo tanto, a mi juicio, el disco que se salva de Nirvana. Es el álbum que puedo escuchar completo sin sentir que le falta algo. Lo que vino después no me agrada mucho: El MTV Unplugged de 1994, publicado como disco tras el suicidio de Kurt Cobain. No me gusta, porque carece de la estridencia típica de Nirvana, y también porque mucha gente terminó creyendo que las canciones originales de los Meat Puppets y de David Bowie eran de Kurt Cobain, David Grohol y Chris Novoselic.


Han pasado ya 15 años desde aquella tarde de Abril de 1994, cuando me enteré, gracias al un noticiero extranjero, en la parabólica de casa de un amigo, de que Kurt Cobain se había pegado un tiro. Considero que fue una pérdida, no porque muriera el autor del estúpido tema Smell Like Teen Spirit, sino porque se mató un tipo que estaba madurando musicalmente, que estaba empezando a aportar su mejor material, y que pudo haber hecho cosas más interesantes.
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