Monday, August 01, 2016

Sepultando a Chopin: ruido electrónico desde Polonia

Esta reseña,fue publicada en Agosto de 2007 en la página web Corriente Alterna, portal en el cual no laboro en la actualidad. . Considero necesario rescatar este tipo de material, referente a la visita de este (anti)músico europeo a Caracas, pues, ya no se encuentra disponible en la red. Zbigniew Karkowsky vino desde Polonia por primera y última vez en aquélla ocasión, y no volverá, pues, falleció en el año 2013.
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Un personaje atípico se presentó en Caracas, sin ningún tipo de cobertura mediática, el pasado 25 de Agosto: el anti-músico polaco Zbigniew Karkowsky. Sólo unos cuantos fueron testigos del ensordecedor concierto, escenificado en la Organización Nelson Garrido.


Conferencia previa al evento (Foto: Jesús Santana)
Muy al contrario de lo que muchos podrían pensar, Karkowsky es un músico formado n el conservatorio, un hecho al cual no le da él demasiada importancia. A diferencia de otros compositores experimentales con conocimiento académico, no le interesa justificar su producto. “Así como no puedo explicar el sentido de mi existencia, tampoco puedo explicar el sentido de mis obras”, dice el compositor polaco. Explicar el porqué de sus experimentos sonoro, considera, deja poco espacio a la libre interpretación del oyente, “sería una forma de manipular al público y hacerlo escuchar la música a mi manera”.

Die Ursache con su pedalera loca (Foto: Jesús Santana)
La presentación de Karkowsky fue corta, pero intensa. Contrariamente a las típicas presentaciones con laptop, no fue un performance caracterizado por la frialdad. No vimos a un maniquí estático sentado frente a su Mac como si chateara en un cyber café, sino un hombre desahogándose a través de una máquina. La manera en que Karkowsky se movía mientras “torturaba” a su computadora y la hacía gritar presionándola con el índice, además de sus gestos, nos hacían percibir el componente emocional, gustará o no el resultado . Eso es el noise: el intérprete liberado del ritmo y la armonía para poder expresar lo que las escalas y los acordes no le permiten. El noise es también nihilismo sonoro, es la destrucción de la música misma y la entrada a un callejón sin salida ¿se puede ser innovador cuando todas las reglas están rotas?¿debe morir la música tradicional por ser parte del pasado?. La respuesta la tiene el espectador. Para muchos el noise es la música del futuro… pero de un futuro aterrador.


Muchas cosas interesantes nos hizo saber Karkowsky con su visita: la escena del ruido japonés, por ejemplo, no es tan grande como creíamos, es tan paupérrima como la venezolana, y sus exponentes emigran a Europa para poder sobrevivir. Los subsidios estatales sirven de ayuda a los artistas jóvenes del viejo continente, pero muchos artistas consagrados, con capacidad para vivir de su trabajo, siguen aprovechándolos y obstaculizando a los más jóvenes con sus influencias (cualquier parecido con Latinoamérica es pura coincidencia). Por otro lado, la escena del noise en Perú es bastante sui generis, porque está compuesta por personas que crean sus propios sintetizadores con chatarra.

Karkowsky destruyendo miles de años de cultura musical.
(Foto: Jesús Santana)

Karkowsky también nos dejó sus opiniones, un tanto sarcásticas, sobre el mundo de la música: “Los compositores más interesantes de hoy no tienen formación académica”, “Sólo entré al conservatorio porque tenían sintetizadores costosos” o “hago en una noche lo que otros compositores tardan cinco años en hacer”. Así son los vanguardistas, se mofan de la tradición.

La representación venezolana

Bio Data (foto: Jesús Santana)


Dos proyectos individuales venezolanos sirvieron de antesala a Karkowsky. El Primero fue Die Ursache, conocido dentro de la movida caraqueña por sus presentaciones junto a bandas de punk o electro-rock convencional. Su sonido, cercano a la propuesta de su colega polaco, es más analógico que digital. Los pedales de guitarra y sus osciladores valieron más para sus descargas que el ordenador. Posteriormente vino la presentación de Bio-data, con piezas más cercanas a la música industrial, las cuales fueron un oasis de ritmo dentro de tanto caos sonoro. Aunque lejos del descontrol sónico de su predecesor, mostró un trabajo quizá menos radical, pero muy experimental, en donde el ruido no era, necesariamente, sinónimo de estridencia. Esperamos, por lo pronto, seguir teniendo acceso a ese tipo de manifestaciones radicales del arte sonoro.
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